Estos días han sido una emoción continua, junto a los pollitos que nacieron el miércoles, hemos visto nacer más el jueves y viernes.
Los nacidos el miércoles están gorditos, espabilados y muy activos.
Hemos tenido un montón de visitas, de tutores con sus clases de infantil y primaria....
Les hemos explicado el proceso de la incubación y les hemos dejado cogerlos.
El jueves nos visitaron las profes de prácticas Marina, Isabel y Lidia que al enterarse del acontecimiento, vinieron a ver a hacer una visita.
Con tanta suerte que justo ese rato de la mañana pudimos ver el nacimiento de dos pollitos más.
Ya hasta perdí la cuenta de cuantos teníamos, pero los niños iban acordándose porque ya tenemos nombre para unos cuantos: Ángel, Bea, Calimero, Elmer, ….
Por la tarde-noche, Belén estuvo pendiente de ellos y nos dijo que había nacido uno más de los amarillos, que tuvo que quedarse por la noche en la incubadora para tener calorcito.
Al llegar el viernes por la mañana, los niños y niñas fueron corriendo a ver cuantos teníamos.
Por supuesto a esta experiencia tan bonita y emocionante, le hemos sacado provecho didáctico, es nuestro centro de aprendizaje estos días.
Estamos aprendiendo muchas cosas del ciclo de vida de los animales, partes del huevo, partes del cuerpo de las aves, números (control de temperatura, humedad, contar días, cuantos días faltan, cuantos huevos faltan...), conocer otros animales ovíparos, aprovechamos para hacer lectoescritura relacionada con el tema, etc....
Y también es el centro de interés de sus ratos de dibujo libre y escritura libre.
El viernes a las 11 de la mañana, vimos un huevo cascado por el que empezó a asomar un piquito moviendose....
Los espectadores estuvieron pendientes todo el rato.
Además vinieron otras dos clases de primaria a ver los pollitos.
Estuvo casi toda la mañana, porque le costaba salir. Al final, tuve que ayudarle yo un poquito... incluso le quité el cordón umbilical …
Y nació nuestro último pollito, casi a la hora de marchar a casa.
Es el último, porque quedan 2 huevos que no tienen ni una pequeña marca de rotura y otro que Belén ha comprobado que está "guaro" es decir, se oye líquido y no hay pollito y tuvimos que retirar.
Belén se los lleva hoy ya a su casa, que tiene campo.
Aunque a los niños les de mucha pena, entienden que el fin de semana no pueden quedarse en clase, sin nadie que los vigile y les dé de comer.
Hemos ido cogiendo un pollito en nuestra mano, para despedirnos de ellos. Sus caritas de felicidad lo dicen todo (las de los niños y las de los pollitos).
Ha sido una experiencia única, emocionante, didáctica y una lección de vida, pues hemos visto como lucha la naturaleza por vivir. Preciosa lección.
Gracias Belén por darnos la oportunidad de vivirlo.